Hay que imaginársela como la tejedora de puentes que es. Como piezas de su urdimbre, Mónica Fernández Arco toma pendientes, gorros, collares, chaquetas, colgantes y un sinfín de accesorios que son parte de la ornamentación de tribus y comunidades de tres continentes para construir ese enlace que nos vincula con la humanidad toda.
Estamos lejos, sí, en coordenadas geográficas y fronteras invisibles, pero la forma de interpretar el entorno, de asirlo a través de manifestaciones artesanales como la joyería que compone su colección de más de tres mil piezas llamada Más allá del oro y la plata, además de los 400 trajes que nos sorprenden y las imágenes que documentan su periplo por el mundo, nos hacen reflexionar.No sólo nos enlazan a aquel que está allá, a miles de kilómetros de distancia, sino quepropician un acercamiento para comprender que las identidades nos unen como parte de un todo. Entonces, lo sabemos ahora, estamos cerca.
Quizá cuando comenzó a viajar en 1992 no sabía la dimensión del proyecto que iniciaba. Pero desde entonces comenzó a adquirir –sin más intermediario que el lenguaje, los gestos y la inmensa pasión por su labor, lo que derrumba cualquier barrera–los objetos que adornan a cientos de comunidades y lesdan identidad a miles de personas que habitan pueblos, ciudades y villas de África, Asia y América Latina.
Lo que Mónica Fernández Arco ha hecho es una hazaña y sus relatos de inminentes y reales peligros, pequeños milagros, fotografías imposibles o tomas extraordinarias, exposición a enfermedades, andanzas de lomo en diversos animales, caminatas bajo el sol o la lluvia inclementes, y viajes en los más bizarros medios de transporte con el objetivo de conseguir “aunque sea uno más” de esos objetos que hoy cargan con todo el peso de la historia –la de las culturas documentadas y la suya misma– nos deben dejar sorprendidos. Porque sí, Mónica, que el propósito se ha cumplido y debemos comenzar a contemplar a los otros como el nosotros que siempre hemos sido.
Para Identidades / Tal lejos, tan cerca
Ana Luisa Anza